Desde muy joven sentí fascinación por las plantas medicinales, la herboristería y las recetas que curan. También las recetas de cocina, pues crecí entre fogones y calderos. La naturaleza siempre fue mi maestra. Sin embargo, mi verdadera transformación comenzó cuando recibí un diagnóstico de Papiloma Humano, una de las cepas que podían derivar en cáncer de cérvix. Aquello me llevó a cuestionarlo todo: mi estilo de vida, mi manera de alimentarme y mi relación con mi propio cuerpo.
En ese proceso ya había terminado mis estudios como técnico superior en dietética y nutrición, y decidí experimentar con mi primer ayuno de diez días, sin acompañamiento profesional. Fue un antes y un después. Descubrí una claridad mental sorprendente, una reducción de las reacciones emocionales y una profunda regeneración de la vitalidad. Comprendí que la comida, en exceso o sin conciencia, puede intoxicar la mente y enturbiar la energía. A los dos años del diagnóstico, los profesionales sanitarios no comprendían que no se hubiera desarrollado la enfermedad y que mi sistema inmunológico había rodeado el «intruso» durante dos años hasta reabsorberlo. Yo había ganado. Lo había matado de hambre.
En los años posteriores, mi formación como instructora de yoga kundalini me llevó a integrar las prácticas de respiración, meditación y conciencia corporal como verdaderos alimentos del alma. Entendí que el cuerpo no es solo físico: también es emocional, mental y energético, y cada uno de esos niveles necesita su propio alimento —lo que pensamos, decimos, escuchamos y sentimos.
Hoy vivo de manera sencilla y consciente: practico ayuno intermitente de 16 horas, elijo productos locales y de temporada, organizo mis menús con amor y escucho a mi cuerpo en cada momento. Aprendí que la salud no se trata de imponer dietas, sino de transformar hábitos con paciencia, paso a paso, mientras atravesamos nuestras sombras y resistencias al cambio.
Para mí, la alimentación viva es una vía de autoconocimiento. La naturaleza nos brinda lo que necesitamos en cada estación, y la energía se mueve allí donde ponemos la atención. Alimentarnos es también una forma de elegir la frecuencia desde la que vivimos.Mi vocación como terapeuta y educadora nutricional nació de esa certeza: que compartir mi experiencia podía inspirar y acompañar a otros a sanar. Siento que formar parte de este movimiento es una manera de servir a la Tierra y de contribuir a un mundo más consciente y respetuoso con toda forma de vida.
✨ Mi mensaje es simple: es posible regenerarse, sanar y despertar. Todo comienza en el interior, en el instante en que decidimos escuchar al cuerpo y honrar sus mensajes. Te invito a descubrirlo conmigo, paso a paso, desde la presencia y el amor.

Blog escrito por: Irene Ramos Monzón (@vive.comeama)