Cómo implementar un Proyecto solidario del Cuerpo Europeo de Solidaridad (y no morir en el intento)

Cuando presentamos Intergener(act)ional al Cuerpo Europeo de Solidaridad teníamos un proyecto perfectamente organizado sobre el papel.

Actividades planificadas.
Calendario.
Presupuesto.
Grupo promotor.
Objetivos.
Participantes.
Metodologías.

Y entonces: ¡NOS APROBARON EL PROYECTO! ¡¿QUÉ?!

Personas que confirman y no aparecen. Facilitadores que necesitan más información de la que pensabas. Actividades que funcionan muchísimo mejor de lo esperado. Otras que tienes que modificar completamente. Facturas, fotografías, consentimientos, materiales, WhatsApps, evaluaciones, Youthpass y una cantidad sorprendente de pequeños problemas que nunca aparecen en la solicitud.

Después de seis meses implementando nuestro Proyecto Solidario Intergener(act)ional en Gran Canaria, hemos aprendido unas cuantas cosas que nos habría encantado saber antes de empezar.

Así que, si estás pensando en desarrollar tu propio Proyecto Solidario, aquí te contamos nuestra experiencia.

1. Tener una buena solicitud no significa tener el proyecto resuelto

La solicitud es el mapa. La implementación empieza cuando aparecen las personas.

Nuestro proyecto tenía como objetivo conectar a jóvenes y personas mayores a través de actividades intergeneracionales. Sobre el papel habíamos diseñado talleres concretos, pero rápidamente entendimos que una metodología puede parecer perfecta hasta que tienes delante a un grupo con edades, niveles de movilidad, confianza y experiencias completamente diferentes.

Por eso nuestro primer consejo es sencillo:

Planifica mucho, pero enamórate poco de tu planificación.

Durante Intergener(act)ional cambiamos varias propuestas. El taller de baile terminó evolucionando hacia movimiento y bienestar para hacerlo más accesible. La actividad de tejido se convirtió en una manualidad con flores. En tecnología tuvimos que incorporar mucho más apoyo individual del previsto.

Los objetivos seguían siendo los mismos. Lo que cambiaba era el camino para llegar a ellos.

2. Empieza a buscar participantes mucho antes de lo que crees

Esta fue probablemente una de nuestras mayores lecciones.

Conseguir participantes interesados no significa conseguir participantes presentes.

Especialmente entre jóvenes de 18 a 30 años encontramos una diferencia enorme entre:

“Me interesa”.

“Sí, voy”.

y…

aparecer realmente el domingo a la actividad.

Las personas mayores tuvieron una participación bastante más estable, mientras que la participación juvenil fue más irregular.

¿Qué haríamos diferente?

Empezar la captación mucho antes, colaborar con grupos juveniles o organizaciones que ya tengan una comunidad estable, crear una pequeña base de participantes recurrentes y confirmar asistencia varias veces antes de cada encuentro.

Porque un formulario con veinte inscritos puede convertirse muy rápidamente en una sala con doce personas.

3. WhatsApp va a convertirse en parte de tu metodología

No exageramos.

Utilizamos WhatsApp para confirmar participantes, enviar ubicaciones, recordar horarios, resolver dudas y mantener el contacto después de las actividades.

Pero también aprendimos que no todos los públicos se comunican igual.

Con los jóvenes funcionaban especialmente bien las redes sociales, mensajes directos y contactos personales.

Con muchas personas mayores, WhatsApp, una comunicación cercana y los recordatorios funcionaban muchísimo mejor.

No existe un único canal de comunicación válido para todo el mundo.

4. Tu actividad es importante, pero lo que ocurre alrededor puede ser todavía más importante

Nosotros organizábamos talleres.

Pero muchas veces lo más interesante ocurría mientras la gente esperaba, cocinaba, pintaba o intentaba entender cómo hacer una flor con una servilleta.

Las conversaciones espontáneas terminaron siendo una de las partes más valiosas del proyecto.

En cocina aparecieron historias familiares.

En tecnología cambiaron los roles y muchos jóvenes comenzaron a acompañar a personas mayores con sus teléfonos.

En “Cartas al pasado” aparecieron experiencias vitales que probablemente nunca habrían surgido en una conversación normal.

Por eso aprendimos a no llenar cada minuto de programación.

Deja tiempo para que las personas simplemente hablen.

5. La accesibilidad no se añade al final

Cuando trabajas con un grupo intergeneracional, diseñar una actividad pensando en “la persona media” no funciona demasiado bien.

¿Puede hacerse sentada?

¿Las instrucciones son suficientemente claras?

¿Estamos hablando demasiado rápido?

¿Todas las personas pueden seguir la actividad?

¿Podemos ofrecer distintos niveles de intensidad?

¿Alguien necesita apoyo individual?

Estas preguntas empezaron a formar parte de nuestra preparación habitual.

Y algo importante: no hay que asumir capacidades según la edad.

En tecnología fueron muchas veces los jóvenes quienes enseñaban.

En cocina o cuando hablábamos de experiencias vitales, el aprendizaje podía moverse completamente en la dirección contraria.

Eso es precisamente lo interesante de un proyecto intergeneracional.

6. Los facilitadores externos necesitan entender el proyecto, no solo su taller

Durante Intergener(act)ional contamos con profesionales de ámbitos como salud mental, cocina, tecnología, yoga, pintura o teatro.

Y aprendimos que no basta con decir:

“Tenemos un taller de dos horas y vienen jóvenes y mayores”.

Hay que explicarles:

quiénes son los participantes, qué objetivo tiene el proyecto, qué nivel de movilidad pueden encontrar, qué tipo de metodología buscamos y qué significa realmente trabajar desde una perspectiva intergeneracional.

Cuanto mejor sea el briefing previo, menos tendrás que improvisar durante la actividad.

7. Documenta TODO mientras sucede

Este probablemente sea uno de los consejos que más agradecerás cuando llegue el informe final.

Guarda desde el principio:

hojas de asistencia, consentimientos, fotografías, vídeos, facturas, materiales, capturas de publicaciones, evaluaciones, colaboraciones, cambios realizados y pequeñas notas sobre qué ocurrió en cada actividad.

Nosotros terminamos creando una memoria completa del proyecto y un Padlet como archivo fotográfico y de aprendizaje.

Porque seis meses después es muy difícil recordar por qué cambiaste una actividad concreta o cuántas personas participaron exactamente aquel día.

Tu “yo” del informe final agradecerá muchísimo a tu “yo” del primer mes haber sido organizado.

8. Youthpass no debería hacerse cinco minutos antes de cerrar el proyecto

Youthpass puede convertirse en algo mucho más interesante que generar un PDF con un nombre.

Para nosotros fue una oportunidad para revisar qué había aprendido cada persona durante el proyecto.

Comunicación.

Ciudadanía.

Competencia digital.

Trabajo en equipo.

Creatividad.

Capacidad de adaptación.

Resolución de problemas.

En un Proyecto Solidario hay muchísimo aprendizaje invisible. Youthpass ayuda a ponerle nombre.

Nuestro consejo es empezar a hablar de competencias antes del último día y no esperar al cierre para preguntar:

“Bueno, ¿y tú qué aprendiste?”

9. Tu equipo también va a cambiar durante el proyecto

Nuestro grupo promotor estaba compuesto por cinco personas, pero no todas pudieron mantener la misma disponibilidad durante los seis meses.

Hubo cambios personales, responsabilidades diferentes y momentos en los que tuvimos que redistribuir tareas.

Y eso también forma parte de gestionar un proyecto.

Aprendimos que repartir responsabilidades al principio está genial, pero revisarlas durante el proceso es todavía más importante.

Las funciones tienen que adaptarse a la disponibilidad real de las personas.

10. El informe final empieza el primer día

Este podría ser nuestro consejo número uno.

No esperes al final para demostrar lo que hiciste.

Cuando terminas un Proyecto Solidario tendrás que explicar:

qué hiciste, por qué lo hiciste, qué cambió respecto a la solicitud, quién participó, qué aprendieron, qué impacto tuvo, cómo lo evaluaste, cómo difundiste los resultados y qué ocurrió con el presupuesto.

Todo eso es muchísimo más sencillo si llevas un registro desde el principio.

Nosotros terminamos el proyecto con una memoria, fotografías, vídeos, evaluaciones, registros de actividades, apariciones en medios, un Padlet y diferentes materiales de difusión.

No porque quisiéramos crear una montaña de documentación, sino porque queríamos poder reconstruir honestamente todo el proceso.

Entonces… ¿merece la pena hacer un Proyecto Solidario?

Para nosotros, sí.

Pero probablemente no por las razones que imaginábamos cuando escribimos la solicitud.

Intergener(act)ional terminó siendo mucho más que once actividades.

Nos obligó a aprender a coordinar personas, trabajar con profesionales, resolver problemas, adaptar metodologías, gestionar recursos y escuchar muchísimo.

También nos permitió comprobar algo que estaba en el centro de nuestra idea inicial:

jóvenes y personas mayores no necesitamos tantas cosas extraordinarias para conectar. Necesitamos más oportunidades para encontrarnos.

Durante seis meses registramos 150 asistencias acumuladas entre jóvenes y mayores y trabajamos con diferentes profesionales, entidades y espacios de Gran Canaria.

Pero lo que más recordamos no son los números.

Son las conversaciones.

Las personas que volvieron.

Las bromas que empezaron en un taller y continuaron en el siguiente.

Y la cantidad de veces que terminamos pensando:

“Esto no estaba exactamente en la solicitud, pero funciona mucho mejor así.”

Recursos para crear tu propio Proyecto Solidario

Si estás preparando un Proyecto Solidario del Cuerpo Europeo de Solidaridad, hemos convertido nuestra experiencia en una memoria abierta de Intergener(act)ional.

En ella encontrarás nuestras actividades, metodología, adaptaciones, dificultades, aprendizajes y recomendaciones para desarrollar encuentros intergeneracionales.

 

→ Revisa nuestra memoria de Intergener(act)ional

→ Explora nuestro Padlet y archivo fotográfico

→ Conoce más sobre los Proyectos Solidarios del Cuerpo Europeo de Solidaridad

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