Compassionate Consumption: 10 días de Erasmus+ que cambiaron nuestra forma de ver el mundo

¿Puede un intercambio juvenil cambiar la forma en la que consumimos, nos relacionamos con los animales y entendemos nuestro lugar en el mundo?

Nosotros creíamos que si, pero después de vivir Compassionate Consumption, todavía más.

Del 23 de septiembre al 2 de octubre de 2026, Gran Canaria se convirtió en el punto de encuentro de 30 jóvenes de España, Alemania, Letonia, Portugal e Italia. Personas con historias y backgrounds muy diferentes, puntos de vista que diferían y con el objetivo en común de cuestionar nuestros hábitos de consumo y explorar cómo nuestras decisiones cotidianas afectan a los animales, al planeta y a quienes nos rodean.

La realidad es que el impacto no fué solo este; en tan solo diez días, terminaríamos construyendo una experiencia sobre empatía, conexión humana y el valor de aprender a mirar el mundo desde otras perspectivas y centrarnos en lo que nos une, en lugar de lo que nos separa.

Todo empezó con 30 desconocidos y todas las ganas de explorar el mundo:

Imagina llegar a la isla de Gran Canaria, cansado del viaje, encontrarte rodeado de personas que no conoces, tener que comunicarte en otro idioma y compartir tus días con personas de diferentes países.

Para algunos, participar en un intercambio juvenil Erasmus+ significa salir de su zona de confort. Para otros, es la oportunidad de encontrar personas con las que compartir inquietudes y sentirse parte de algo que no siempre encuentran en su entorno habitual.

Y eso fue precisamente lo que quisimos construir en el proyecto: un lugar donde nadie tuviera que fingir ser alguien diferente para encajar.

Durante los primeros días empezamos a conocernos, a superar la timidez y a descubrir que veníamos de realidades muy distintas, pero teníamos muchas más cosas en común de las que imaginábamos. Poco a poco, las conversaciones dejaron de ser superficiales. Comenzamos a compartir opiniones, preocupaciones, experiencias personales y muchas preguntas para las que no siempre teníamos respuestas. Y desde los primeros días, un grupo de desconocidos empezó a convertirse en una pequeña familia.

Aprender a consumir con más compasión:

Vivimos en una sociedad en la que consumir se ha convertido en un acto casi automático. Compramos, comemos, utilizamos productos y tomamos decisiones sin detenernos demasiado a pensar qué hay detrás de ellas. ¿Sabemos realmente de dónde viene lo que consumimos? ¿Conocemos las condiciones en las que viven los animales? ¿Hasta qué punto nuestras decisiones individuales pueden generar cambios colectivos?

A través de metodologías de educación no formal, actividades participativas y conversaciones grupales, exploramos estas preguntas, cuestionándonos la relación entre nuestros hábitos de consumo, el maltrato animal y la responsabilidad que tenemos como consumidores.

No queríamos que nadie terminara el proyecto sintiéndose juzgado por sus decisiones, ni que la culpa o la diferencia entre las diferentes experiencias y habítos de los participantes fuese algo que dividiese al grupo. La idea principal era crear un espacio donde poder cuestionar nuestras costumbres, escuchar otras perspectivas y decidir, a partir de la consciencia que casi siempre nos falta, qué cambios queremos introducir en nuestras vidas y el por qué de estos.

Los momentos que nos llevamos para siempre:

Hay experiencias que no se pueden resumir en fotografías. Estos fueron algunos de los que hicieron especial Compassionate Consumption:

1. El encuentro con la realidad de algunas mascotas

Una de las experiencias más significativas fue nuestra visita al Refugio insular de animales. Más allá de hablar sobre bienestar animal desde una perspectiva teórica, tuvimos la oportunidad de acercarnos a una realidad que muchas veces solo podemos imaginar. Marta, trabajadora y ex voluntaria del refugio no solo nos enseñó las condiciones en las que tristemente acaban estos pobres animalitos, también nos brindó el espacio para escuchar, hacer preguntas y reflexionar sobre la responsabilidad que tenemos hacia otros seres vivos que merecen el respeto y cuidado que los humanos.

2. Volver a la civilización y escuchar otras voces

Nuestra visita a Las Palmas de Gran Canaria fué una oportunidad perfecta para realizar entrevistas a los locales canarios. Queríamos salir de nuestro propio grupo y descubrir qué pensaban otras personas sobre las preguntas que todavía seguíamos respondiendo. Esto nos permitió practicar nuestras habilidades comunicativas, perder el miedo al rechazo, y comprobar que para generar cambios también necesitamos comprender por qué otras personas piensan de manera diferente.

Al final, compartimos una tarde maravillosa en la playa, disfrutando de la fauna marina y de la compañía de un grupo que cada vez parecía más conocerse de hace tiempo.

3. Los momentos que no aparecían en el programa

No todo el aprendizaje sucedió durante las actividades. También estuvo en las conversaciones espontáneas, la noche intercultural, nuestra tarde de película, los energizers, la convivencia de vivir todos en el mismo espacio y las maravillosas comidas de Carolina. Hubo espacio para divertirnos, para conocernos mejor y para compartir las emociones por las que estabamos transitando. Actividades como nuestra Gossip Box, los acertijos nocturnos, los paseos buscando búhos y la visita de la familia real nos ayudaron a construir una confianza y sentimiento de pertenencia que difícilmente se consigue únicamente mediante las actividades.

4. Crear recuerdos y cerrar una experiencia compartida

Durante nuestro último día realizamos una actividad para no olvidarnos nunca, pintando Totebags que firmamos después. También pusimos en común nuestras experiencias de aprendizaje y dedicamos tiempo a evaluar estos nueve días. Para ello, usamos dinámicas como la Pizza de la verdad y muchas otras, pudiendo expresar qué nos había marcado, qué nos llevábamos del intercambio y qué aspectos podíamos mejorar para los siguientes. También trabajamos en el reconocimiento de nuestros aprendizajes mediante Youthpass, una herramienta europea que ayuda a identificar las competencias desarrolladas durante experiencias como esta.

Pero el momento más emotivo llegó con las despedidas. Después de diez días compartiendo prácticamente todo, decir adiós se convirtió en una mezcla de abrazos, lágrimas, agradecimientos y promesas de volver a encontrarnos. Fué maravilloso cambiar el «¿De dónde eres?» a «¿Cuándo puedo ir a verte a tu país?» Llegamos siendo desconocidos. Nos marchamos como familia.

Lo que aprendimos: pequeños cambios que pueden tener un gran impacto

Cuando diseñamos Compassionate Consumption, teníamos claros los objetivos del proyecto. Queríamos fomentar el pensamiento crítico, la conciencia sobre el bienestar animal y la adopción de hábitos de consumo más responsables. Pero, la experiencia también nos enseñó cosas que no caben fácilmente en una horario.

Aprendimos que no hace falta pensar igual para construir algo juntos. Escuchar opiniones diferentes no tiene por qué separarnos. Puede ayudarnos a comprender realidades que desconocíamos y a cuestionar nuestras propias ideas.

Aprendimos que la compasión también empieza por cómo tratamos a las personas. No podemos hablar de empatía hacia los animales y olvidar la importancia de cuidarnos entre nosotros, respetar nuestros ritmos y crear un espacio donde todas las voces puedan ser escuchadas.

Aprendimos que salir de nuestra zona de confort puede acercarnos a quienes realmente somos. Comunicarnos en otro idioma, participar en actividades que nunca habíamos hecho o compartir nuestras emociones con desconocidos puede dar miedo. Pero también puede convertirse en una oportunidad para ganar confianza y mejorar como personas.

Aprendimos que no necesitamos cambiarlo todo de un día para otro. El consumo responsable no consiste en alcanzar una perfección imposible, sino en informarnos, cuestionar nuestras decisiones y empezar a actuar de una manera más consciente y sostenible, que pueda mantenerse en el tiempo.

Erasmus+ es mucho más que viajar gratis

Cuando hablamos de Erasmus+, muchas personas piensan en viajar por Europa, conocer otros países o practicar inglés. Y sí, todo eso puede formar parte de la experiencia.

Pero un intercambio juvenil Erasmus+ es, para nosotros, una oportunidad para participar en actividades de educación no formal, trabajar en equipo con jóvenes de distintas culturas, desarrollar competencias personales y sociales y descubrir nuevas formas de implicarnos en nuestra comunidad. También puede ser ese primer paso que necesitabas para salir de una rutina y de un entorno en el que sentías que no estabas creciendo.

Desde Blooming Horizons creemos que las oportunidades europeas deben ser accesibles para jóvenes con diferentes experiencias, circunstancias y recursos. No necesitas tener todas las respuestas, hablar inglés perfectamente o haber participado antes en una experiencia similar. Lo único que necesitas es tener curiosidad y atreverte a dar el primer paso.

Lo que nos llevamos como organización anfitriona del proyecto:

Organizar un proyecto internacional implica meses de preparación, coordinación con organizaciones socias, gestión de participantes, transporte, alojamiento, planificación de actividades y resolución de imprevistos. Y aunque hay mucho trabajo detrás de cada intercambio, hay muchas cosas que nos han hecho irnos con el sentimiento de que todo ha merecido la pena.

Ver cómo personas que apenas se conocían empiezan a cuidarse unas a otras. Escuchar conversaciones que continúan en los descansos de las actividades. Descubrir que alguien se siente lo suficientemente cómodo como para llorar compartiendo algo importante. Observar cómo un grupo va evolucionando día a día.

Para nosotros, eso es lo que significa trabajar con jóvenes. Crear experiencias que ayuden a las personas a descubrir nuevas posibilidades y construir conexiones que puedan continuar cuando el proyecto termina.

Nos vamos de Compassionate Consumption con muchísimos aprendizajes profesionales, pero también con el corazón lleno. Gracias a cada participante por las risas, las conversaciones, la confianza, las preguntas y la energía que ha puesto en el grupo. Gracias a nuestros partners por trabajar junto a nosotros y hacerlo posible. Gracias a Conaturaleza y a Lomo Jurgón por acogernos y hacernos sentir como en casa. Y gracias al programa Erasmus+ y al INJUVE por apoyar iniciativas que permiten a los jóvenes aprender, conectar y participar activamente en la sociedad.

Tu historia Erasmus+ también puede empezar aquí

En Blooming Horizons conectamos a jóvenes con oportunidades Erasmus+, y otras experiencias de aprendizaje que van más allá de las clases. Creamos espacios donde conocer personas, descubrir nuevas perspectivas y empezar a participar activamente en aquello que te mueve.

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O háblanos por correo electrónico a info@bloominghorizons.org para que podamos enviarte los proyectos de Erasmus+ que tenemos en Gran Canaria o en Europa.


Compassionate Consumption fue un intercambio juvenil cofinanciado por la Unión Europea a través del programa Erasmus+ (KA152-YOU), con número de proyecto 2025-3-ES02-KA152-YOU-000371073, organizado por la Asociación Socioeducativa Blooming Horizons en Gran Canaria, España.

Los partners del proyecto son:

Youth Changemakers: https://www.instagram.com/world_society_builders/

3D Friends: https://www.instagram.com/3dfriendslv/

Propósito Inadiavel: https://www.instagram.com/propositoinadiavel/

Green Italy: https://www.instagram.com/greenitaly/

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